EL PRIMER DESPERTAR: NADIE SALE DEL CICLO

“No era la primera vez.”
Mateo despertó con esa frase clavada en la cabeza, como si alguien la hubiera susurrado justo antes de abrir los ojos… o como si él mismo la hubiera pensado antes de olvidarlo todo otra vez.
La oscuridad era densa, casi sólida. No era simplemente ausencia de luz; era algo más pesado, más cercano, como si la habitación estuviera cerrándose lentamente alrededor de su cuerpo. Su respiración era lo único que confirmaba que seguía vivo.
Inhaló.
El aire olía a humedad vieja, metal y algo indefinible, como electricidad quemada.
Exhaló.
Y entonces se dio cuenta de que no sabía dónde estaba.
Se incorporó de golpe.
La cama era extraña. No era su cama. Era demasiado rígida, demasiado limpia, demasiado… clínica. Las sábanas no tenían arrugas naturales, sino pliegues exactos, como si alguien las hubiera colocado con intención de que no parecieran humanas.
Giró la cabeza.
Una pared blanca.
Otra pared blanca.
Otra.
No había ventanas.
Solo una puerta.
Y encima de la puerta, un reloj digital rojo.
03:33 AM.
Mateo parpadeó. Esperó a que cambiara.
No cambió.
Se levantó lentamente. El suelo estaba frío, pero no de forma natural. Era un frío uniforme, artificial, como el de un hospital que intenta imitar la temperatura de una habitación normal.
—¿Hola? —su voz salió más débil de lo que esperaba.
El sonido rebotó mal. No había eco. Era como si la habitación absorbiera el sonido en vez de reflejarlo.
Se acercó a la puerta.
La empujó.
No se abrió.
Frunció el ceño y empujó más fuerte.
Nada.
Retrocedió un paso.
Y entonces escuchó un sonido.
Un clic.
Detrás de él.
Se giró de golpe.
Nada.
Pero sobre la mesa que no había visto antes… había un celular.
Negro.
Encendido.
Mateo se acercó lentamente, como si el objeto pudiera morderlo.
En la pantalla había un solo mensaje:
“No era la primera vez.”
Se quedó congelado.
—¿Qué…?
El celular vibró.
Un segundo mensaje apareció:
“Respira. No grites. Ya lo hiciste antes y no funcionó.”
Mateo retrocedió un paso.
—¿Quién está ahí? ¡¿Quién está jugando conmigo?!
La puerta detrás de él emitió un sonido seco.
CLACK.
Se había desbloqueado.
Mateo giró lentamente.
La puerta estaba entreabierta ahora.
No recordaba haberla visto abrirse.
Tragó saliva.
—Ok… ok… esto no tiene sentido…
Salió de la habitación.
Un pasillo.
Exactamente igual a la habitación.
Mismas paredes blancas.
Misma luz fría.
Mismo silencio artificial.
Y el mismo reloj en la pared más lejana:
03:33 AM.
—No… —susurró.
Caminó hacia adelante.
Cada paso sonaba demasiado fuerte. Como si el edificio quisiera recordarle que estaba siendo observado.
A mitad del pasillo encontró algo en el suelo.
Un papel.
Lo recogió.
La letra era suya.
“SI ESTÁS LEYENDO ESTO, YA FALLASTE OTRA VEZ.”
Mateo sintió un vacío en el estómago.
—No… no puede ser mío…
Pero lo era. Lo sabía. Reconocía la forma en que hacía la “M”, ligeramente inclinada. Reconocía la presión del bolígrafo en el papel.
Siguió caminando.
Otro papel.
“NO INTENTES RECORDARLO TODO DE GOLPE.”
Otro.
“EL REINICIO SE ACTIVA CUANDO TE ACERCAS A LA VERDAD.”
Su respiración empezó a acelerarse.
—¿Reinicio…? ¿Qué reinicio…?
El pasillo terminó en otra puerta.
Esta vez, abierta.
Entró.
Era la misma habitación.
La misma cama.
El mismo reloj.
03:33 AM.
Pero esta vez… había algo distinto.
Un hombre sentado en la cama.
Mateo.
No… no él.
Otro él.
El otro lo miró.
Y sonrió.
—Llegaste más rápido esta vez —dijo el otro Mateo con una calma perturbadora.
Mateo retrocedió.
—¿Qué eres tú?
El otro inclinó la cabeza.
—Soy tú… pero después.
—Eso no tiene sentido.
—Lo tiene si ya lo has vivido suficiente veces.
El corazón de Mateo golpeaba fuerte.
—¡Explícate!
El otro suspiró.
—No es la primera vez que despiertas aquí. Y tampoco será la última si sigues haciendo las mismas preguntas.
Mateo sintió rabia.
—¡Esto no es real!
El otro se levantó.
Cada movimiento era demasiado fluido, como si ya supiera exactamente dónde iba a estar el aire.
—Eso dijiste la última vez también.
Mateo lo miró fijo.
—¿Última vez…?
El otro caminó hacia la pared.
—¿Quieres ver algo divertido?
Sin esperar respuesta, levantó la mano y tocó la pared.
La pared cambió.
Literalmente.
La pintura blanca se onduló como agua.
Y por un segundo, Mateo vio algo detrás.
Hospitales.
Luces quirúrgicas.
Manos sujetándolo.
Gritos.
—¡NO QUIERO VOLVER! —escuchó su propia voz, pero no era su voz actual. Era más rota. Más desesperada.
Retrocedió asustado.
—¿Qué demonios es eso?!
El otro lo miró con tristeza.
—Memoria filtrada.
—Eso no explica nada.
—No necesitas entenderlo todo aún.
Mateo apretó los puños.
—¡Quiero salir de aquí!
El otro lo observó en silencio.
Luego señaló la puerta.
—Puedes intentarlo.
Mateo dudó.
—¿Y qué pasa si salgo?
El otro sonrió apenas.
—Entonces te reinicias.
Silencio.
Un silencio pesado.
Mateo miró la puerta.
Luego al otro.
—¿Reinicio… significa qué?
El otro caminó lentamente hacia él.
—Significa que vuelves aquí. Sin memoria. Sin contexto. Sin salida.
—Eso es imposible.
—Y sin embargo estás aquí.
Mateo sintió que el aire se volvía más pesado.
—¿Por qué?
El otro bajó la mirada.
—Porque recuerdas demasiado cada vez.
Silencio.
Mateo sintió un mareo.
—No… yo no recuerdo nada…
El otro lo interrumpió.
—Sí recuerdas. Solo que no completo.
De pronto, el reloj sonó.
03:33 AM.
Pero esta vez… no se detuvo.
Comenzó a cambiar.
03:34…
03:35…
La habitación vibró.
El otro Mateo abrió los ojos.
—Oh… esto es nuevo.
La luz parpadeó violentamente.
Mateo miró a su alrededor.
Las paredes comenzaron a llenarse de grietas.
—¿Qué está pasando?!
El otro retrocedió.
—No deberías estar llegando a este nivel de conciencia…
—¡EXPLÍCATE!
El otro lo miró con urgencia.
—Escúchame. Esta es la parte que siempre olvidas. Si sales por la puerta cuando el ciclo está inestable…
La puerta comenzó a abrirse sola.
—…no vuelves al mismo lugar.
Mateo sintió pánico.
—¿Entonces a dónde vuelvo?
El otro lo miró con terror real por primera vez.
—A otro tú.
La puerta se abrió completamente.
Pero no había pasillo.
Había otra habitación.
Exactamente igual.
Y dentro…
otro Mateo despertando.
Mateo dio un paso atrás.
—No… no… no…
El otro lo empujó suavemente hacia la puerta.
—Ya empezaste a recordar demasiado otra vez. Si te quedas, colapsas el sistema. Si sales… lo reinicias.
—¡NO QUIERO ESTO!
El otro lo miró por última vez.
—Nadie lo quiso nunca.
Y lo empujó.
Mateo cruzó la puerta.
Un instante de vacío.
Luego caída.
Luego silencio.
Despertó.
Respirando fuerte.
Oscuridad.
03:33 AM.
Se incorporó.
La habitación era idéntica.
Pero ahora había algo nuevo.
Un papel en su mano.
Lo abrió.
“No era la primera vez.”
Mateo sintió una lágrima recorrer su mejilla sin saber por qué.
—¿Cuántas veces…?
El celular vibró.
Un mensaje nuevo apareció:
“Bienvenido al primer despertar.”
Mateo cerró los ojos.
Y en la oscuridad, algo dentro de él volvió a romperse… como si ya hubiera ocurrido miles de veces antes.
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