EL CHAT QUE RESPONDE SOLO

Published by Loreflix Studio on

EL CHAT QUE RESPONDE SOLO

Todo comenzó tres días después del funeral.

Éramos cinco en el grupo: los de siempre, los que crecimos juntos en el mismo barrio, compartiendo escuela, calle, problemas y risas. El tipo que murió se llamaba Daniel, pero en el grupo lo teníamos guardado como “Dani 🔥”.

El accidente fue absurdo. Un choque de moto en la madrugada. De esos que pasan rápido, pero dejan un vacío lento.

El entierro fue silencioso. Nadie hablaba mucho después. El grupo de WhatsApp se quedó muerto también, como si el chat hubiera entendido lo que había pasado.

Hasta que apareció un mensaje.

Dani 🔥: “Ey… ya llegaron todos a la casa?”

Nos quedamos congelados.

Primero pensamos lo obvio: alguien tenía su teléfono. Su hermano quizá. Un amigo cercano. Algo normal.

Pero su hermano escribió en el grupo:

—“Yo no tengo el teléfono de Dani.”

Silencio.

Nadie respondió por unos minutos.

Luego otro mensaje.

Dani 🔥: “No se vayan todavía. Estoy llegando.”

Ahí empezó el caos.

Jorge fue el primero en reaccionar:

—“Dejen la broma. Esto no está bien.”

Pero el número no paraba.

Dani 🔥: “¿Broma? ¿Por qué no me esperan?”

Marcos, el más racional del grupo, intentó llamar al número.

No contestaba. Pero seguía escribiendo.

Dani 🔥: “Estoy cerca.”

Dani 🔥: “No cierres la puerta.”

Y luego:

Dani 🔥: “Ya casi entro.”

Silencio total en el grupo.

Alguien dejó el chat.

Luego otro.

Hasta que solo quedamos dos.

Yo y Jorge.


LA PRIMERA RUPTURA

Decidimos ir a la casa de la madre de Dani esa misma noche.

No dijimos nada por WhatsApp.

Solo salimos.

Cuando llegamos, la señora estaba viendo televisión como si nada. Tranquila. Demasiado tranquila para alguien que acababa de perder a su hijo.

Le preguntamos por el teléfono.

Ella nos miró raro.

—“El teléfono de Dani está con él… lo enterramos con él.”

Sentí un vacío en el estómago.

Jorge insistió:

—“¿Está segura?”

Ella asintió.

—“Sí… lo pusieron dentro del ataúd. Él decía que no quería dejarlo.”

Nos miramos entre nosotros.

Sin decir nada, salimos de la casa.

Esa noche el chat volvió a escribir.

Dani 🔥: “No debieron dejarme aquí abajo.”


EL CAMBIO

Al principio eran frases normales. Casi como si Dani estuviera confundido.

Dani 🔥: “Está oscuro.”

Dani 🔥: “No escucho bien.”

Dani 🔥: “Hay tierra en el aire.”

Pensamos en una broma macabra.

Pero luego empezó a cambiar.

Los mensajes se repetían.

Dani 🔥: “No puedo respirar no puedo respirar no puedo respirar”

Una y otra vez.

Sin pausas.

Luego:

Dani 🔥: “¿Por qué no me contestan?”

Dani 🔥: “Estoy tocando la madera.”

Dani 🔥: “¿Eso es tierra cayendo?”

Jorge dejó de responder.

Yo tampoco sabía qué hacer.

Decidimos ir al cementerio al día siguiente.


EL CEMENTERIO

Llegamos temprano.

El guardia nos miró con desconfianza cuando pedimos ver la tumba de Dani.

—“Ese entierro fue hace pocos días… ¿familia?”

—“Amigos.”

Nos dejó pasar.

La tierra estaba intacta.

Sin señales de nada extraño.

Pero mi celular vibró.

Dani 🔥: “Estoy escuchando pasos arriba.”

Me quedé helado.

Jorge miró mi pantalla.

—“Esto no es normal…”

Entonces ocurrió algo peor.

El chat envió una foto.


EL GIRO

La imagen tardó en cargar.

Cuando abrió…

Era oscuro.

Muy oscuro.

Al principio no entendí qué estaba viendo.

Luego distinguí la textura.

Madera.

Y un espacio pequeño.

Como si la cámara estuviera dentro de algo cerrado.

Muy cerrado.

Entonces lo vi.

Una mano.

Pálida.

Empujando desde el interior.

La foto estaba tomada desde dentro del ataúd.

Jorge vomitó ahí mismo.

Yo no podía moverme.

El chat escribió otra vez.

Dani 🔥: “Ya puedo ver la pantalla.”


EL DESCENSO

Salimos del cementerio sin hablar.

Nadie quería aceptar lo que habíamos visto.

Marcos nos llamó esa noche.

Estaba alterado.

—“Borraron el chat.”

—“¿Qué?”

—“El grupo… desapareció. Solo quedó el número de Dani escribiéndome privado.”

Sentí un escalofrío.

Jorge gritó:

—“¡Bloquéalo!”

Marcos respondió:

—“No sirve. Cambia de número.”

Y entonces el teléfono de Jorge vibró.

Mensaje nuevo.

Dani 🔥: “No me bloqueen.”

Jorge tiró el celular al suelo.

Pero siguió sonando.


LA DESINTEGRACIÓN

A partir de ahí, todo empeoró.

Los mensajes dejaron de ser solo de Dani.

Empezaron a imitar a los demás.

Dani 🔥: “Jorge, abre la puerta.”

Dani 🔥: “Marcos, estoy en tu cuarto.”

Pero Marcos vivía solo.

Nos reunimos los tres en mi casa esa noche.

Apagamos los celulares.

Pero el problema no era el teléfono.

Era el número.

Porque el número seguía activo.

Incluso sin internet.

Incluso sin batería.

Lo vimos con nuestros propios ojos.

La pantalla encendida.

Dani 🔥: “No apagues la luz.”


EL FINAL ABIERTO

Decidimos hacer lo único que quedaba: volver al cementerio con un sacerdote.

Pero cuando llegamos al día siguiente…

La tumba estaba abierta.

No completamente.

Solo lo suficiente.

Como si algo hubiera empujado desde dentro.

El guardia juraba que nadie había entrado.

El ataúd seguía ahí.

Cerrado… pero rayado por dentro.

Y el teléfono de Dani…

había desaparecido.

Esa noche, el chat volvió a escribir.

Pero esta vez solo un mensaje.

Dani 🔥: “Ya salí.”

Jorge rompió su celular.

Marcos cambió de ciudad.

Yo…

yo todavía tengo el número guardado.

Y lo peor es que sigue en línea.

Ahora mismo.

Mientras lees esto.


FINAL

A veces vibra.

Sin mensajes.

Solo vibra.

Como si alguien del otro lado…

estuviera escribiendo y borrando.

Escribiendo y borrando.

Esperando el momento correcto para enviar algo nuevo.

Y si algún día aparece un mensaje otra vez…

sé que no será el mismo Dani que conocimos.

Sino lo que quedó de él.

debajo de la tierra.

con el chat todavía abierto.


Loreflix Studio

Loreflix Studio es una plataforma digital dedicada a la creación, desarrollo y publicación de historias narrativas originales enfocadas en experiencias humanas, emociones reales y situaciones de alto impacto emocional.

0 Comments

Deja una respuesta

Avatar placeholder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *