EL GRUPO DE WHATSAPP DONDE EMPEZARON A PASAR COSAS ANTES DE QUE OCURRIERAN

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EL GRUPO DE WHATSAPP DONDE EMPEZARON A PASAR COSAS ANTES DE QUE OCURRIERAN

El mensaje apareció en el grupo familiar un jueves cualquiera, de esos días donde nadie espera que pase absolutamente nada importante, y decía solo una frase corta, sin emojis, sin explicación, sin contexto: “Hoy no usen la ruta de siempre”, y lo extraño no fue el mensaje en sí, sino que llegó exactamente a las 5:44 a.m., un horario en el que ese grupo nunca había estado activo antes, ¿quién escribe tan temprano en un chat familiar sin motivo aparente?

La mayoría lo vio, lo leyó y lo ignoró.

El primo mayor respondió con un “😂😂”, el tío escribió “spam otra vez”, y la conversación siguió como si nada, pero la madre del grupo, que casi nunca hablaba, solo escribió: “Lo voy a tener en cuenta”, y luego no volvió a decir nada más, lo cual ya de por sí era raro, porque ella siempre minimizaba todo lo que oliera a superstición o coincidencia, ¿por qué alguien así decide no ignorarlo?

La mañana siguió su curso normal hasta que, a las 7:12 a.m., ocurrió el accidente.

Un choque múltiple en la avenida principal bloqueó exactamente la ruta que todos usaban a diario para ir al trabajo y la escuela, y en cuestión de minutos la ciudad entera estaba colapsada en ese punto, ambulancias, tráfico detenido, bocinas, caos, como si el día hubiera decidido romperse justo en ese lugar específico, ¿cómo alguien pudo saberlo horas antes?

En el grupo de WhatsApp el silencio duró exactamente tres minutos.

Luego empezó el caos.

“¿Quién escribió eso?”

“¿Fue una broma?”

“¿Alguien tiene contactos en tránsito?”

Pero el número no estaba guardado, no tenía foto de perfil, y al intentar abrir su información aparecía vacío, como si nunca hubiera existido realmente dentro del sistema, ¿cómo puede alguien estar en un chat sin dejar rastro?

A las 8:03 a.m. llegó otro mensaje del mismo número:

“Les dije que no era la ruta.”

Esta vez venía acompañado de una imagen.

Era la avenida del accidente.

Pero lo imposible no era la foto… sino el ángulo.

Estaba tomada desde arriba, como si alguien estuviera parado en un edificio que aún no había sido construido en esa zona, porque en los mapas de la ciudad no existía ningún punto elevado en ese tramo exacto, ¿desde dónde se tomó esa imagen?

El primo mayor dejó de bromear.

El tío empezó a insistir en que alguien había hackeado cámaras de tráfico.

Pero la madre solo miraba la imagen sin hablar, como si estuviera intentando recordar algo que no encajaba en su memoria, algo que le resultaba familiar de una forma incómoda, ¿por qué una imagen del futuro puede parecer un recuerdo?

A las 9:27 a.m. el grupo recibió otro mensaje:

“Hoy van a intentar cambiar su rutina.”

Y ahí empezó lo realmente inquietante.

Porque nadie había hablado de cambiar la rutina antes de salir.

Ni siquiera entre ellos.

Pero ese mismo día, dos miembros de la familia hicieron algo distinto sin planearlo: el padre decidió salir 15 minutos más tarde porque olvidó las llaves, y la hija decidió tomar otra ruta porque el autobús habitual no pasó, como si algo mínimo hubiera empujado pequeñas decisiones sin que nadie lo notara, ¿quién decide realmente nuestras decisiones?

El accidente ocurrió exactamente en el horario en el que ambos habrían pasado por la avenida.

Si no hubieran cambiado su rutina, habrían estado allí.

El grupo dejó de hablar por varias horas.

Hasta que llegó otro mensaje.

“Bien.”

Solo eso.

Una palabra.

Sin explicación.

Sin contexto.

Pero lo peor fue lo que vino después: el sistema marcó ese mensaje como “leído por todos”, incluso por miembros que aún no habían desbloqueado el teléfono ese día, ¿cómo puede algo ser leído sin abrirse?

Esa noche, la familia decidió reunirse en la sala, todos con los teléfonos en la mano, revisando el chat como si fuera algo peligroso, como si el grupo mismo hubiera cambiado de naturaleza, y mientras discutían, el padre intentó llamar al número extraño, pero la llamada ni siquiera sonó, simplemente se cortó de inmediato, como si el destino del contacto fuera inexistente, ¿puede un número estar activo sin existir?

A las 11:11 p.m., el chat volvió a activarse.

“Hoy alguien iba a morir.”

El silencio en la sala fue inmediato.

Nadie escribió nada.

Nadie respiró fuerte.

Solo el sonido del reloj.

El padre tragó saliva y escribió: “¿Quién eres?”

La respuesta tardó exactamente 11 segundos.

“Alguien que ya vivió esto.”

La madre apagó la pantalla de su teléfono lentamente, como si el acto de apagarlo pudiera romper algo invisible, pero en el mismo instante todos los teléfonos volvieron a encenderse solos, mostrando el mismo mensaje repetido en bucle:

“NO DEBEN SALIR MAÑANA.”

El hijo menor empezó a llorar sin entender por qué.

El tío intentó sacar la batería del teléfono, pero el dispositivo seguía encendido sin batería visible, mostrando el chat activo como si la energía ya no importara, ¿cómo funciona algo que ya no depende de electricidad?

Y entonces ocurrió algo aún peor.

El grupo cambió de nombre automáticamente.

“FAMILIA (VERSIÓN ACTUAL)”

Y debajo apareció otro grupo idéntico.

“FAMILIA (VERSIÓN PREVIA)”

Ambos tenían los mismos integrantes.

Pero los mensajes no coincidían.

En uno, la familia seguía normal.

En el otro, había mensajes de pánico.

El padre intentó comparar ambos chats, pero los mensajes empezaron a mezclarse, como si los dos grupos estuvieran colapsando en uno solo, y en ese momento apareció una última foto.

Era la sala donde estaban sentados.

Tomada desde dentro de la casa.

Pero todos estaban allí.

Mirando sus propios teléfonos.

Excepto que en la imagen… había una persona extra más detrás de ellos.

Sin rostro visible.

El hijo menor susurró: “¿Quién está detrás de nosotros?”

Nadie respondió.

Porque todos estaban contando mentalmente cuántas personas había en la sala.

Y el número no coincidía.

El grupo envió un último mensaje:

“YA ESTÁ PASANDO OTRA VEZ.”

Y justo después, todos los mensajes anteriores desaparecieron, dejando solo el primero, el del aviso inicial, ahora cambiado ligeramente:

“HOY NO USEN LA RUTA DE SIEMPRE… POR FAVOR.”

La madre miró la pantalla largo rato antes de decir una frase que nadie olvidaría:

“Eso no es un mensaje… es una memoria que no se repitió igual.”

Y esa noche nadie durmió.

Porque cada vez que uno cerraba los ojos, sentía que el teléfono vibraba… aunque no hubiera notificación.

Como si el grupo siguiera escribiendo en un lugar donde el tiempo aún no había terminado.

Y lo más inquietante fue lo único que nunca pudieron explicar:

al día siguiente, el mensaje volvió a llegar.

Pero esta vez decía:

“USTEDES YA DEBIERON HABERLO EVITADO.”

Y en ese momento, el grupo entendió algo peor que el accidente…

entendió que el aviso no era una advertencia.

Era un recuerdo que todavía no había terminado de ocurrir.


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