El novio perfecto que me fue apagando: un permiso a la vez
Hace tres semanas cambié la contraseña de mi correo por primera vez en dos años sin pedirle permiso a nadie. Fue una tontería, en realidad —nadie me lo iba a impedir—, pero lloré frente a la pantalla como si hubiera ganado algo enorme. Todavía me cuesta explicar por qué. Supongo que es lo que pasa…




